Efrén Ramírez, MD



La Biogenética de la Violencia

Desde que Watson y Crick descubrieron en 1953 la estructura molecular del ADN (Acido Deoxiribo Nucléico) como portador de las características hereditarias de los seres vivos, se ha redoblado el interés de identificar las bases genéticas de la conducta humana.

En los 50 años que han transcurrido desde entonces, se han identificado unos 30,000 genes discretos –segmentos del ADN que gobiernan la producción de el cúmulo de proteínas (el proteoma) que lleva a cabo todas las funciones, físicas y mentales del organismo. Esos genes ocupan el 2% de la longitud de la molécula ADN que reside en el núcleo de cada uno de los 100 trillones de células del organismo.

Al principio se creyó que se habrían de descubrir genes específicos que correspondieran a patrones de conducta discretos, por ejemplo un gen de agresividad, un gen para esquizofrenia, un gen para la preferencia sexual, etc. Eso no ocurrió salvo muy pocas excepciones, por ejemplo, el síndrome de Down; donde está involucrado el gen #22. Lo que si se ha descubierto, es que en cada función física o mental operan centenares de genes en conjuntos simbióticos (que colaboran unos con otros). Además se ha descubierto recientemente que hay material epigenético (más allá de los genes propiamente dichos) que tienen que ver con conductas complejas, como el trastorno de déficit de atención, el alzheimer, la esquizofrenia y los trastornos bipolares.

Los hallazgos de las investigación biogenética que nos llegan a diario por el internet nos indican que es cuestión de tiempo la identificación de los patrones genéticos y epigenéticos y los componentes hereditarios de la conducta humana.

Desde la antiguedad se sabía que los temperamentos (colérico, melancólico, flemático y sanguíneo), se daban en familias –los “gens” de la sociedad romana. Durante los últimos 40 años, en los programas de comunidades terapéuticas para la rehabilitación de los adictos mediante la re-educación del carácter, tanto en Puerto Rico (el país de origen del modelo)¹ como a nivelinternacional, se reconocen ocho temperamentos hereditarios: la agresividad, la callosidad, la impulsividad, la
irritabilidad, la melancolía, la
sensibilidad, la sexualidad y la timidez. Los primeros cuatro están asociados con la conducta destructiva que raya en la
violencia, especialmente si la persona tiene una condición, también heredada, de rezago en el ritmo de maduración de su carácter –de su conciencia moral. Este rezago se conoce como Trastorno de Déficit de Atención (también se puede llamar inmadurez del carácter).

La función primordial del carácter es discernir las conductas apropiadas a la persona en el contexto de su desarrollo personal, el núcleo familiar, y el bien común. El carácter se cultiva y se desarrolla durante la crianza, la educación y la experiencia de vida. Un carácter sano puede domesticar las reacciones violentas de la personalidad innata. Un carácter inmaduro debido a la corta edad o al Déficit de Atención, no tiene capacidad de controlar las reacciones agresivas, callosas, impulsivas e irritables.

Una manera efectiva de facilitar la maduración del carácter en una comunidad terapéutica residencial, correccional, ambulatoria o casera, es la suplementación de la dieta regular con 100 a 250 microgramos de litio quelatado (nutricional) que es específico para corregir el fenotipo ADSD (Attention Deficit Spectrum Disorders, que además de incluir el trastorno por déficit de atención, incluye las comorbilidades y complicaciones como la violencia, la criminalidad, la adicción a drogas, el alcoholismo y el vandalismo)² Cualquier gestión seria para entender la violencia y desarrollar estrategias para controlarla, tiene que tomar en cuenta estos hallazgos recientes, significativos de la neurociencia. Desafortunadamente, el debate público que se ha llevado a cabo por décadas, se enfocan mayormente en las circunstancias psicosociales, económicas y políticas, que enmarcan los escenarios de la violencia y por lo general desantienden el componente irrefutable de la predisposición hacia la violencia del individuo con temperamentos innatos fuertes y que tienen carácteres débiles, por crianza y educación inadecuada a sus necesidades.

Propiedad Intelectual Protegida,Efrén Ramírez,MD-2006